(1) EL ALBERGUE ROJO, de Gérard Krawczyk
Vodevil caricaturesco

Nueva versión del film que Claude Autant-Lara realizó en 1951, retomando el mismo guión de Jean Aurenche y Pierre Bost, a cargo de un mediocre Gérard Krawczyk que reconstruye unos hechos acaecidos en una región pirenaica de la Francia de 1833 (los asesinos fueron guillotinados ante una gran multitud) que Balzac convirtió luego en novela (“Un asunto tenebroso”, 1841).
Pero si la versión cinematográfica muda de Jean Epstein (La posada roja, 1923) tenía un notable carácter experimental y la de Autant-Lara era elogiada por Georges Sadoul por su tono “volteriano” (el pícaro abate, el secreto de confesión, la fallida vocación religiosa, el accidente final, etc.), el decepcionante remake de Krawczyk, con Josiane Balasko y Gérard Jugnot como intérpretes más conocidos, resulta ser un vodevil caricaturesco que no ha sabido resolver adecuadamente la mezcla entre terror y humor, limitándose a explotar esa comicidad charlatana y gesticulante que distingue el cine galo desde Fernandel a Louis de Funés.
El albergue rojo recién estrenado ha sido privado del anticlericalismo originario y rodado entre decorados con una puesta en escena apolillada limitada a empalmar los planos medios de los actores mientras pronuncian su frase. Las tensiones sociales surgidas tras la Restauración monárquica liberal de Luis Felipe de Orleáns (rivalidades entre nobleza, clero, burguesía y clases populares) parecen materializarse en las incómodas relaciones entre los viajeros de la diligencia que pernoctan en la posada, pero todo se diluye aquí entre gracias, ocurrencias y salidas sin consistencia.

VANACLOCHA