Un valioso documental, de testimonios directos, concebido a partir del seguimiento de sus protagonistas, Alba de Toro y Nuria Faure, dos invidentes decididas a trabajar duro para sí mismas y, sobre todo, para los demás, y de su experiencia en India, en la Fundación Vicente Ferrer (que nos regala una emotiva aparición personal), con atención y educación especial para niños discapacitados.
Como los trabajos del aplaudido Nicolas Philibert (Ser y tener, Le pays des sourds) o el magnífico País del silencio y de la oscuridad, de Werner Herzog, el film de Joan Soler se circunscribe a los comportamientos, experiencias (como la sesión de cine) y encuentros de las protagonistas, evitando toda voz en off explicativa o cualquier otro recurso externo, de modo que el espectador se convierte en un acompañante, un observador privilegiado de la dedicación y de los logros de sus personajes, al tiempo que participa en el reconocimiento o en el descubrimiento de unas realidades cotidianas tan espectaculares como poco difundidas. Y, tal y como explicita el propio Vicente Ferrer o como resume la frase final de Antoine de Saint-Exupéry, la reivindicación de otras formas de ver, como con el corazón, frente a las rutinas del mundo capacitado.
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