En 1977, el ex presidente norteamericano Richard Nixon todavía confiaba en poder rehabilitarse tras el gran escándalo del Watergate que le obligó a dejar la Casa Blanca tres años antes. Posiblemente por ello, aceptó la oferta del periodista y humorista británico David Frost de realizar una larga entrevista televisiva, la primera desde su dimisión. Vio una ocasión de redimirse ante la opinión pública –además de cobrar una sustanciosa suma de dinero-, sobre todo porque consideraba que Frost no era un especialista en el periodismo político y saldría vencedor del round que se desarrolló a lo largo de cuatro sesiones. Pero no sucedió así. En el tramo final Nixon se derrumbó y reconoció parte de su culpa. Fue decisivo ese primer plano sostenido del ex presidente, totalmente noqueado, ante una audiencia de 45 millones de espectadores. Algo parecido le sucedió cuando en 1960 se puso sudoroso en el debate televisivo con Kennedy, detalle que los estudiosos consideran que fue vital para que perdiese las elecciones. Por ello ante Frost utilizó un pañuelo para secarse el sudor cuando estaba fuera de cámara. Esta entrevista supuso el fin político definitivo de Nixon. En 1994, tras su fallecimiento, todavía surgieron exégetas que intentaron rescatar su figura, conocida popularmente como “Dick el tramposo”.
El muy irregular director Ron Howard ha trasladado al cine la obra teatral de Peter Morgan (guionista de The Queen, 2006, de Stephen Frears), que también ha escrito la adaptación cinematográfica. El espectáculo alcanzó las 400 representaciones en el West End londinense y en Broadway. Se han escogido los mismos intérpretes en los principales papeles, el veterano y magnífico Frank Langella y Michael Sheen, que ya encarnó a Tony Blair en The Queen. Además de su interés histórico (imprescindible para el gremio de los periodistas), lo mejor de El desafío. Frost contra Nixon es el planteamiento nada sectario en la presentación del ex presidente (ya estuvo en los inquisidores tribunales de la caza de brujas maccarthysta), del que intenta resaltar su dimensión humana y su trance de agonía política definitiva. Son magníficas las observaciones de un Nixon obsesionado por los zapatos sin cordones, italianos de la época, típicos de “maricones”, como le dice uno de sus asesores; su desconfiada personalidad que le lleva a exigir un talón nominativo o los tacos y miradas lascivas hacia la novia de Frost. Por otra parte, el film adquiere gran actualidad por las historias paralelas de dos presidentes mentirosos, Nixon y Georges W. Bush, con dos tremendas guerras, Vietnam e Ikaq. Hay que recalcar que el guión permanece fiel a las míticas frases de la transcripción de la entrevista original. La fotografía está acorde con la estética feísta de aquellos años y el cuadro de intérpretes secundarios brilla a gran altura: Oliver Platt, Sam Rockwell, Rebecca Hall, Kevin Bacon y Matthew Macfayden. Pese a que la historia se disgrega en algún anecdotismo en su primera parte, estamos ante una película necesaria.
VICENTE
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