Darío Grandinetti y Leticia Bredice en una escena de EL FRASCO.
(3) EL FRASCO, de Alberto Lecchi
Orina para el amor

Posee Alberto Lecchi (Buenos Aires, 1964) una interesante trayectoria cinematográfica desde que en 1993 debutó en el largometraje con Perdido por perdido. Anteriormente adquirió una dilatada experiencia como ayudante de dirección de Adolfo Aristaráin, Héctor Olivera, María Luisa Bemberg, Fernando Ayala e incluso Carlos Saura. Además, fue coguionista de la emblemática Un lugar en el mundo (1991), de Adolfo Aristaráin. En España, junto a Perdido por perdido, se han estrenado comercialmente El dedo en la llaga (1996), Operación Fangio (1999), films que pasaron bastante desapercibidos, y Nueces para el amor (2000), que obtuvo más resonancia.
El frasco es su décimo largometraje y compitió en la pasada edición del Festival de Cine de Valladolid, donde obtuvo la Espiga de Plata y el Premio del Público. En esta ocasión el realizador ha trabajado a partir de materiales ajenos, un guión de Pablo Solarz, autor de relatos tan sugestivos como Historias mínimas (2002), de Carlos Sorín, y ¿Quién dice qué es fácil? (2007), de Juan Taratuto. Utilizando como hilo conductor de la narración un objeto (recurso de la comedia clásica norteamericana), en este caso un tanto extravagante, un frasco que contiene una orina para ser analizada en unos laboratorios, Lecchi construye hábilmente una historia de tonos agridulces que protagonizan un conductor de autobús de largo recorrido y una profesora que imparte clases en un pequeño pueblo. Son dos seres muy peculiares. Él es un hombre tímido, maniático, silencioso (le llaman “el mudo”), bastante torpe, rutinario en cuanto a costumbres. Ella es una chica atractiva y un tanto misteriosa. Ambos esconden un pasado que poco a poco iremos descubriendo. Entre miedos, dudas, encuentros y desencuentros, intentarán aproximarse y abordar juntos una compleja existencia.
Hay química entre Darío Grandinetti (en España lo descubrimos en El lado oscuro del corazón, 1992, de Eliseo Subiela) y Leticia Bredice (Nueve reinas, y Plata quemada, 2000, y acaba de finalizar Tetro, dirigida por Francis Ford Coppola). Los dos hacen creíble esa compleja relación amorosa que no está exenta de momentos hilarantes como consecuencia de grandes equívocos, junto a otros de profunda tristeza. Genial Grandinetti con su ya característica sobreactuación, al estilo de los intérpretes del Actor´s Studio. La historia contiene algunos titubeos en el tramo de la reconstrucción del pasado de su personaje, demasiado forzado. Pero luego el film se recupera. Mención aparte merece el pequeño homenaje que Alberto Lecchi dedica a los códigos del western con esas escenas en el bar y la gasolinera donde los personajes hablan y se comportan como personajes de dicho género, aspecto que el director nos confirmó personalmente (es un amante del western clásico) cuando pudimos hablar con él en Valladolid.

VICENTE