Nick Ashdon y Dimitra Matsouka en una escena de EL GRECO.
(1) EL GRECO, de Yannis Smaragdis
El pintor y el inquisidor

Rutinaria e irrelevante aproximación biográfica a la vida y obra de este importante pintor del siglo XVI, comenzando por los primeros años en su Creta natal, incluyendo su implicación en unas rebeliones de pacotilla frente al yugo veneciano, siguiendo por su estancia en el estudio de Tiziano, y dedicando el grueso de la película a su estancia en Toledo, donde llegó con 36 años de edad y donde permanecería hasta su muerte, escenario del conflicto principal del film: una oposición entre la luminosidad del arte y la oscuridad de la religión, que en ningún momento supera las previsibles y acomodaticias convenciones al respecto.
Una superficialidad que se extiende a cualquier otro aspecto, histórico, social y humano, de una película que parece pretender esa «simpleza» que le asegure el favor del gran público, el de las palomitas y las pocas luces, aunque en la sesión a la que asistí estaba yo solo, las palomitas se habían ido a la competencia norteamericana. A lo mejor, con un poco más de complejidad y de riesgo en los planteamientos tampoco llegábamos a ese mirlo blanco de la sala llena, pero al menos éramos unos pocos más. Para pensárselo.

PEDRO URIS