Manuel Gómez Pereira, uno de nuestros cineastas mejor dotados para la comedia en todas sus variantes, abandona el género, ya lo había hecho hace algunos años con el sugestivo thriller Entre las piernas, para proponernos un áspero relato de dudas, secretos y aspiraciones adolescentes, que incluye en su planteamiento y desarrollo algunos poderosos elementos de thriller, una circunstancia que, si bien inicialmente no resulta ningún inconveniente, acaba, en su formulación concreta en el film, restando muchos enteros, por confusión entre los móviles y motivaciones de las dos tramas, a una historia que, en ambos apartados, ofrecía más posibilidades.
De un lado tenemos la crónica del tránsito adolescente a la edad adulta de una pareja, chico y chica, que han sido amigos inseparables desde muy niños, y que observan, con extrañeza y expectación, la aparición del sexo en sus relaciones, primero consentido gozosamente por ambos, tras el breve paréntesis de malentendidos y celos, y luego desequilibrado por el afán de posesión del chico, que muestra significativos arrebatos y gestos de futuro, por momentos incluso de presente, maltratador.
Una historia interesante, con buenos apuntes y buenos momentos, que el guión refuerza, sin que en principio haga ninguna falta, con otra trama de signo criminal que anda en la trastienda de los chicos, no en la de la niñez sino en la de la propia adolescencia pues sucede en el curso temporal del film, y que resulta bastante menos consistente por lo ingenuo y simple de muchos de sus recursos, comenzando por el principal, el secreto que se imponen los protagonistas, medio comprensible aunque el argumento de defensa propia por parte de la chica es más que evidente, continuando por el segundo secreto que se guarda el chico, un silencio que todavía tiene menos sentido, y pasando por molestos detalles como el violador al que todos acuchillan, o el trabajador que se guarda un anillo que, a la vista de lo que pasa en pantalla, tampoco iba a demostrar nada.
Esta segunda trama acaba siendo un lastre, y no sólo por las debilidades que muestra, sino también, y esto es lo peor, por su interferencia con las motivaciones más terrenales que los protagonistas muestran en la evolución de sus psicologías y relaciones, de tal modo que hay momentos en que, como sucede con la película, no sabemos muy bien con qué carta quedarnos, si estamos con unos personajes y unas situaciones en clave de crónica cotidiana o dentro de la ficción de un thriller cargado de dramatismo, aunque con demasiado barro en sus cimientos.
PEDRO URIS |