Una escena de EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS.

(3) EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS, de Mark Herman

Horas oscuras

Basada en el libro de John Boyne y presentada estos días en la sección oficial del festival de San Sebastián, fuera de concurso, El niño con el pijama de rayas sitúa su acción en los oscuros días de la segunda guerra mundial, en un campo de exterminio nazi, y en la relación entre un niño ario, hijo del comandante del campo, y un niño judío, prisionero en ese mismo escenario. Pero el relato va más allá de los lugares comunes de su referente y se centra fundamentalmente en el universo del niño protagonista, con los afanes y reacciones propios de su edad (los libros de aventuras, los amigos y los juegos) y de su interpretación y aprehensión de la realidad: comienza llamando granja al campo de exterminio, sufre los rigores de su profesor y del joven teniente, observa las contradicciones de su hermana, de sus padres, de sus abuelos, y asume su responsabilidad, con apenas ocho años de edad, ante los acontecimientos que le rodean.
Ese desmarque de los tópicos al uso y esa voluntad de respetar la mirada del niño convierten el film en una sugestiva y rigurosa relectura de unos temas que, por razones de memoria o de entendimiento, mantienen su actualidad y relevancia. Las relaciones con el mundo de los adultos, la ambigüedad moral e ideológica de aquellos, la incontestable verdad de las situaciones recreadas y, al mismo tiempo, la inclinación por el sentido metafórico y no sólo anecdótico de la historia que se nos cuenta, determinan que el film se siga, se lea, como una encomiable sucesión de reflexiones. A pesar del inglés original que sustituye al alemán, y apoyado en un aplicado reparto, el film de Herman contiene suficientes aspectos de interés como para emocionar y concienciar a cualquier espectador sensato.

LLORÉNS