Desde sus primeras secuencias, mostrándonos las diversas tentativas de escritura, recuerdo e imaginación del protagonista, así como el constante ir y venir del presente y el pasado, el nuevo film de Juan José Campanella se erige en un apasionante ejercicio de reflexión sobre sentimientos, actitudes ante la vida y la realidad, atento a las diferentes intromisiones de la represión, la violencia y la muerte (individual o colectivamente), y —fundamentalmente— sobre la amistad y el amor. Comedia, en ocasiones muy próxima a brillantes ejemplos del cine italiano, especialmente Monicelli y Scola, y drama, asociado a la intriga y a los postulados de la serie negra (víctimas y victimarios, corrupción, amenazas, etc.) pero también a cierto tono de western crepuscular (El hombre que mató a Liberty Valance), se entremezclan, como nuestras emociones, en una constante lección sobre cómo abordar el lenguaje del cine y la verdad de los seres humanos.
Hay una excelente, y suficiente, crónica de un contexto fácilmente reconocible (Argentina 1974-2000), muy unido a otros ejemplos de la filmografía de Campanella, pero, sobre todo, hay un retrato minucioso de personajes y de sentimientos perfectamente servidos por actores como Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Javier Godino, Pablo Gago, etc., en ese pormenorizado recorrido por lo que se está viviendo o lo que se ha vivido, o lo que no se vivió, un constante recurso a la memoria, al deseo no cumplido, a la diferencia entre cómo pudo haber sido y cómo fue. Además, con la brillante idea de la elección de la profesión de los personajes, funcionarios de justicia, empleados de banca… Todo, como en El mismo amor, la misma lluvia, probablemente su película más próxima, desembocando en una historia de amor prácticamente más sugerida que explícita, una de las pasiones que se ponen de manifiesto a lo largo del relato, tan fuerte como para que acabemos intuyendo que sirvió de motor a la mayor parte de las emociones que fuimos recorriendo, que constituyó (y en diversos personajes) la verdadera razón de sus comportamientos, en el pasado y en el presente, en la vigilia y en el sueño. Una cinta, pues, sencillamente admirable, que nos devuelve a un cineasta a quien quisiéramos encontrar más a menudo.
VICENTE |