Matt Damon en una escena de EL SOPLÓN, de Steven Soderbergh
(2) EL SOPLÓN, de Steven Soderbergh
Precios, mentiras y cintas de audio

Una comedia, más o menos negra, basada en un libro de Kurt Eichenwald, a su vez inspirado en un caso real ocurrido a principios de los años noventa, el del ejecutivo de una multinacional que se convirtió en confidente del FBI destapando un escándalo de precios pactados y sucumbiendo finalmente víctima de sus propios vicios y mentiras. Un film que deja por el camino una descreída mirada sobre la versión más refinada del sistema capitalista, con una serie de intencionados apuntes sobre las tripas del mismo, desde esos dueños del negocio a escala mundial que pactan los precios de un producto y se ríen en las barbas de la libre competencia, la esencia misma del viejo capitalismo, hasta la cantidad de chanchullos, comisiones y desfalcos que alimentan la vida cotidiana de sus directivos, sin olvidar por supuesto esos opacos paraísos fiscales que en nuestro tiempo constituyen la esencia misma del moderno capitalismo.
La película está conducida por una voz en off del protagonista que para sus responsables, el realizador y el guionista Scott Z. Burns, constituye llave indispensable del relato, aunque para mí resulta bastante irrelevante, cuando no directamente molesta, y se estructura, pienso que de modo involuntario, en dos partes bastante diferenciadas, cualquiera de las cuales podría haber dado lugar a un film por separado, la primera en la que se airean los trapos sucios de la industria (agroalimentaria, en este caso) de la mano de un tipo cargado de carencias de toda clase; y la segunda cuando descubrimos que ese personaje es un mentiroso compulsivo que tiene los bolsillos manchados de comisiones. Sin embargo, la suma de ambas fases no incrementa el interés de la película, al contrario, refuerza esa sensación de discreta arbitrariedad que nos asalta desde el principio, conforme vemos que las cosas van sucediendo, unas con más gancho que otras, sin que el film adquiera consistencia ni como comedia ni como thriller, por más que en una historia y en otra nos deje interesantes apuntes.

PEDRO URIS