A partir de una novela de Daniel Vázquez Sallés, hijo de nuestro querido y desaparecido Manuel Vázquez Montalbán, el nuevo trabajo para la pantalla grande de David Carreras, del que conocemos los discretitos Hipnos (film) y Quito (telefilm), es un thriller político cargado de atractivos elementos que desgraciadamente no termina de concretar sus posibilidades. Comenzando por su planteamiento como historia del pasado, que regresa dieciocho años después y pone de nuevo en acción a unos protagonistas que habían salido escaldados de unos hechos, situados en el entorno de la caída del Muro de Berlín y el fin de la guerra fría, pero habían logrado rehacer su vida. Y continuando por el propio escenario en el que sitúa su intriga, los servicios secretos de ambos bloques, que tratan de proteger sus intereses una vez que la historia les ha privado de la principal razón de su existencia.
Un relato de espías que tropieza en muchas de las piedras que acostumbran a sembrar el camino de estos productos, y que por contra no termina de encontrar el tono en lo que respecta a los personajes y sus relaciones, un trío protagonista cargado de dinamita que, sin embargo, se queda a mitad camino de casi todo (a pesar de la solvencia y presencia de actores y actrices como Eduard Fernández y Marta Etura) y no logra alcanzar esa intensidad que prometían, y reclamaban, los poderosos sucesos que les vinculan. Con demasiada carga de “teorías conspiratorias” a las espaldas, un mal endémico del cine de agentes secretos y aparatos del estado, y con algunas soluciones físicas reiterativas y poco convincentes —en general las salvaciones milagrosas del protagonista, especialmente la que sucede en el bosque tras la conversación con Maximiliam Schell, o las diversas trampas y contratrampas del citado protagonista con el personaje llamado Curtis—, la película, digna en cualquier caso, termina encontrando sus mejores argumentos en la sinceridad y convicción con que atiende una historia especialmente turbia, tanto en sus componentes individuales como sociales.
PEDRO URIS |