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| Anna Lizarán en una escena de FORASTERS. |
| (3) FORASTERS, de Ventura Pons |
| La familia unida |
Tercer encuentro de Ventura Pons con el dramaturgo Sergi Belbel, tras las aplaudidas Caricies y Morir (o no), Forasters aparece igualmente cargada de complejidad en los personajes y en su estructura dramática, en esta ocasión centrada en un universo familiar, adscrito además al piso de clase media transmitido de padres a hijos, a través de dos generaciones y dos épocas tan perfectamente localizadas como significativas: la sociedad del despegue económico, en pleno franquismo, de los años sesenta, y la actual, ya en el siglo XXI. Un repaso a concomitancias, a diferencias apenas perceptibles —sin lugar a dudas, los jóvenes de ahora mismo sufren menos represión y condena que sus antecesores, los inmigrantes disponen de mejores condiciones de acogida, los adultos pueden optar a una mayor sinceridad consigo mismos…— para poner de manifiesto la perpetuación de los peores errores, de los más impúdicos y mezquinos intereses, de las más rancias cantinelas moralistas, etc. Una sucesión de conversaciones, discusiones y actitudes que permiten al espectador reconocer perfectamente infiernos cotidianos, propios o ajenos pero siempre próximos, demostraciones palpables del absurdo de unos modelos familiares repetidos hasta la saciedad a pesar de su probado fracaso, de su supeditación a la hipocresía y a la represión y condicionamiento de sus individuos en función de otras muchas leyes sociales aceptadas sin cuestionar, determinadas por la propiedad privada, el interés económico de los programas políticos, la ausencia de solidaridad con vecinos, inmigrantes, o con los propios miembros de esa unidad familiar (como explicitaba el bando golpista de Miláns de Bosch), definitivamente extraños, y por lo tanto forasteros, en su propio hogar. LLORÉNS |