Una imagen de GARBO, EL ESPÍA.
(2) GARBO, EL ESPÍA, de Edmon Roch
El hombre que salvó al mundo

Hablar de falso documental parece una contradicción en sus términos. El género de ficción parte del supuesto de que todo el relato es inventado. El documental—hasta hace poco tiempo—significaba verdad, que los personajes, lugares, historias e imágenes existían o habían existido realmente. Pero en Garbo, el espía todos los síntomas apuntan a la manipulación, a un gran engaño para que el espectador crea que lo que ve y oye sucedió años atrás aunque parezca inverosímil. Para ello se han utilizado materiales de archivo, fragmentos de películas de espías (obras de Carol Reed, J. L. Mankiewicz, Orson Welles, etc.), imágenes retocadas digitalmente, entrevistas con supuestos testigos, planos rodados expresamente, etc.
Con presencia en el guión de Isaki Lacuesta y con Xavier Vinader como reportero investigador, el film está realizado con ingenio y amenidad, empalmando mil anécdotas y ocurrencias tan estrafalarias e intrigantes como improbables. Broma de gran calibre es descubrir que el barcelonés Juan Pujol fue espía doble, Garbo para los británicos y Alaric para los nazis; que inventó una inexistente red de 27 agentes a sus órdenes y que fue él quien convenció a los alemanes de que el desembarco en Normandía era una mera operación de despiste porque la verdadera invasión de Europa empezaría en Calais.
Juan Pujol fue condecorado por ambos bandos, aunque de hecho fue siempre un hombre de despacho, nunca de acción. Como un excelente actor en el escenario bélico y como un fabuloso urdidor de mentiras, Juan Pujol acabó siendo considerado un bienhechor de la Humanidad y un excelso filántropo.
Y colorín colorado…

VANACLOCHA