Jamel Debbouze, Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri en una escena de HÁBLAME DE LA LLUVIA
(4) HÁBLAME DE LA LLUVIA, de Agnès Jaoui
La palpable realidad

Impresionante. El tercer largometraje de la realizadora, guionista y actriz, aquí también en las tres facetas, Agnès Jaoui, resulta sencillamente impresionante por la manera que captura y retrata actitudes y sentimientos. Partiendo de un pequeño puñado de personajes, vinculados entre sí por lazos familiares (las dos hermanas, el marido de una de ellas, los niños, la criada magrebí y su hijo, el portero de hotel que quiere ser documentalista, y la esposa de este), amorosos (el realizador de documentales, el amante de la protagonista, la camarera del hotel) o, simplemente de amistad, el guión de Jaoui y Bacri vuelve a proponer un amplio muestrario de estados de ánimo y de aspiraciones vitales capaces, como en Para todos los gustos, de transmitir la sensación de que se ha logrado hablar de todo y de todos, aunque a veces sea sólo en susurros o con unas contadas miradas.
Un localizado repaso a la situación política y social, a los fracasos y expectativas laborales —-desde la criada de toda la vida a la camarera del hotel, pasando por esos dos realizadores de cine documental, uno con su incipiente pluriempleo, el otro con su inactividad o sus bautizos—-, con una atención primordial a sus respectivas ubicaciones sentimentales. Un muestrario alejado de todo juicio o prejuicio, abierto al espectador para que observe y extraiga sus conclusiones, cargado de un humor no exento de tristeza y de una cierta frustración repleta de esperanzas. Mediocres u osados, conformistas o rebeldes, un poco de todo al mismo tiempo, los personajes no son más que ese puñado de seres humanos simpáticos y antipáticos, íntegros y cobardes, hábiles y torpes, sinceros y mentirosos, de una complejidad que no termina antes ni después de ese limitado espacio y tiempo en que los hemos conocido.
Porque, además, el film sitúa la acción en un contexto rural y provinciano, aunque a sólo dos o tres horas de París, un hecho que contribuye a destacar las características de los personajes y sus esfuerzos y que sirve para una cuantas secuencias extraordinarias: el rebaño en la montaña, el accidente del automóvil, la lluvia o la granja, con la charla sobre los burócratas de Bruselas. Sorprendente el modo de decir tantas verdades evidenciando una aproximación tan aparentemente alejada y sin subrayados. Y con un excelente trabajo actoral.

LLORÉNS