Peter Capaldi y James Grandolfini en una escena de IN THE LOOP
(3) IN THE LOOP, de Armando Iannucci
Cómo monté una guerra

Habría que remitirse a una obra tan fundamental como Dr. Strangelove / Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick, para localizar una sátira tan atinada sobre los entresijos de determinados ministerios (Asuntos Exteriores, altos cargos del Pentágono, etc.) capaces de desencadenar una guerra, o cualquier otra barbaridad, sólo por sus particulares y maleducadas ambiciones de arrivismo y mando. Los protagonistas, sus encuentros, sus declaraciones, sus embustes, sus incompetencias, nos van mostrando de una forma tan divertida como delirante dónde residen los verdaderos desencadenantes de las peores pesadillas. Todo ello con un ejercicio brillante de puesta en escena, vibrante y nerviosa, decidida a dotar de referencia documental una ficción espléndidamente resuelta.
Despachos y pasillos, entre Inglaterra y Estados Unidos, desde la residencia del premier británico a los espacios de gobierno en Washington o en las Naciones Unidas en Nueva York: escenarios de una sucesión de enredos, zancadillas y manipulaciones, altos cargos políticos utilizando el lenguaje más grosero que pueda imaginarse, con insultos a diestro y siniestro, filtraciones y presiones a los medios de comunicación, infidelidades sentimentales o políticas, desconocimiento, desprecio, etc., todo un catálogo de aberraciones que alcanzan excelsos momentos en secuencias como la de la calculadora infantil para estimar el número de soldados disponibles (“sólo contamos con doce mil, y esos serán los que morirán: necesitamos supervivientes para dar la sensación de que hemos ganado la guerra”), la entrevista con el jovenzuelo norteamericano, las maldiciones callejeras y la intervención del ciudadano que insta al británico a que modere su lenguaje, etc.
Una sátira de concepción moderna y de enorme implicación, susceptible de ser leída como una parábola de lo que se cuece en las altas instancias de cualquier rincón del mundo, especialmente significativa al tratarse de naciones tan poderosas y decisivas como Inglaterra y los Estados Unidos. Un film absolutamente recomendable, con carcajadas aseguradas (otro hallazgo: el denominado polvo antibélico) y con unos actores en auténtico estado de gracia, decididos a poner de relieve la imbecilidad y ambiciones de sus respectivos personajes.

LLORÉNS