Una escena de INFECTADOS.
(3) INFECTADOS, de Álex y David Pastor
Los enfermos están muertos

Estreno con cierto retraso, en los USA y en el mundo, de este digno producto de tono apocalíptico realizado por los hermanos catalanes, afincados en Nueva York, Alex y David Pastor, ambos con una reconocida experiencia en el cortometraje. Un film que, según las referencias, ha sido distribuido tras lograr uno de sus protagonistas, Chris Pine, el papel del joven capitán Kirk en la ultima entrega de la saga Enterprise, y relanzado tras los elogios recibidos por parte del pope del thriller fantástico Stephen King.
Cuatro jóvenes recorren el país huyendo de una epidemia que ha devastado la población y que está provocada por un virus altamente contagioso que inevitablemente provoca la muerte del que lo padece. Una atractiva premisa (en la ficción, por supuesto) que convierte a los enfermos en muertos de los que “racionalmente” hay que desprenderse cuando antes, aunque “irracionalmente” los sentimientos, amorosos o familiares, nos digan lo contrario. Sin estar plenamente conseguida, la caracterización de los personajes es de un trazo excesivamente grueso y el aliento trascendente aparece en contadas ocasiones, la película merece ser destacada por el rigor que muestra a la hora de calcular las reacciones de los personajes y resolver las diversas situaciones que se plantean (un film de estas características siempre es un poco una suma de episodios al albur de los encuentros y circunstancias que van produciéndose a lo largo del camino), de modo un poco reiterativo, con algunas escenas concebidas bajo mecanismos muy similares cuando no idénticos, pero sin ceder en ningún momento a la tentación tremendista (la escena en el motel con el grupo de hombres “uniformados” está perfectamente resuelta), ni refugiarse en el sentimentalismo gratificante (la solución a los personajes del padre y su infectada hija de corta edad, o el estupendo tiroteo con la pareja de mujeres maduras), y sin temblarle tampoco el pulso a la hora de eliminar a alguno de los cuatro personajes protagonistas, en una escenas de alto voltaje emocional que ilustran la reflexión última del film, la disolución de esos valores emocionales que definen a la especie humana en situaciones límite en las que lo único que cuenta es la propia supervivencia, cuando la muerte está a la vuelta de la esquina y ya nadie, ni siquiera uno mismo, podrá pedirnos cuentas por nuestros actos. Unos comportamientos “deshumanizados” que podemos encontrar y reconocer en cualquier guerra, y que, en sus mejores momentos, esta película consigue escenificar a partir de un inquietante supuesto, la pandemia definitiva y global, todo lo improbable que se quiera pero igualmente difícil de clasificar, sin margen para la duda, dentro del tranquilizante apartado del fantástico.

PEDRO URIS