Tilda Swinton en una escena de JULIA.
(3) JULIA, de Erick Zonca
Tilda Swinton

Tras casi diez años de ausencia, desde que le descubriéramos en títulos tan estimables como La vida privada de los ángeles (1998) y El pequeño ladrón (1999), el realizador francés Erick Zonca regresa a nuestras pantallas con esta interesante producción ambientada en los Estados Unidos y México y rodada por lo tanto en inglés, con sus ocasionales intervenciones en castellano, que evoca inicialmente, y así lo han apuntado algunos críticos, al film de John Cassavettes Gloria, tanto por su condición de thriller protagonizado por una mujer capaz de enfrentarse a dificultades y peligros más allá de la razón, como porque su protagonista anda acompañada, en su trepidante recorrido, de un niño.
Una relación aparentemente explícita en la elección del título y del propio nombre de la protagonista, que, sin embargo, se agota con su simple enunciado, ya que la película que ahora comentamos posee una poderosa personalidad propia que impide considerar cualquier antecedente. Un thriller con los pies bien anclados en el suelo físico y moral de los espacios en que sitúa su acción, los dos lados de la frontera entre México y los USA, que lleva hasta sus últimas consecuencias el modelo de “las cosas no salen como se habían planeado”, con una protagonista que acepta, por dinero (un dinero que necesita, como se encarga de justificar el film), ayudar a una mujer a recuperar a su hijo, a sabiendas que está cometiendo un delito por mucho que trate de ocultarlo detrás de esa amable formulación, y que a partir de ese momento entra en una diabólica espiral de acción reacción, en la que el azar también tiene su palabra, que le irá conduciendo, siempre de modo irremediable (sensacional a este respecto su irrupción en México), hasta lo más profundo de un infierno, el hampa miserable y de gatillo fácil de Tijuana, en el que, sin embargo, encontrará su particular redención.
Una protagonista que constituye la esencia última de la película, de tal modo que el espectador conoce y siente lo mismo que el personaje, desde sus primeras escenas como carne madura de disco, sexo y droga; hasta las finales, enfrentada a un dilema moral que le permitirá recuperar su dignidad, aunque hasta el último momento siga jugando la carta de quedarse al menos con parte de la respetable suma de dinero que anda en juego. Un personaje extraordinario que está interpretado por una inmensa Tilda Swinton, veterana actriz londinense, a la que conocimos en el Orlando de Sally Potter y cuya carrera ha estado frecuentemente abonada a destacados personajes secundarios a causa de las particularidades de su físico, que aquí nos brinda una interpretación realmente memorable, cargando sobre sus hombros, su rostro y sus caderas, las casi dos horas y media de metraje de este áspero thriller que está armado con esa munición de verdad que siempre hace blanco en el corazón del espectador.

PEDRO URIS