Alex Brendenmühl en una escena de LAS DOS VIDAS DE ANDRÉS RABADÁN.
(2) LAS DOS VIDAS DE ANDRÉS RABADÁN, de Ventura Durall
Una historia verdadera

Basado en hechos reales y en testimonios directos, hasta el punto de que el propio Andrés Rabadán aparece acreditado en el guión, Las dos vidas de Andrés Rabadán es un film honesto y modesto, ajeno a todo efectismo morboso, que acierta tanto a erigirse en crónica carcelaria como a denunciar una serie de carencias y lagunas a la hora de aplicar leyes, condenas o tratamientos psiquiátricos. Durall aplica un estilo igualmente sencillo y cuenta con unos ajustados intérpretes, entre quienes destaca un poderoso Álex Brendemühl, capaz de transmitir muchos matices de los estados de ánimo de su personaje, tanto sus dudas consigo mismo o con sus recuerdos como sus esperanzas de rehabilitación, amistad, amor, o de rebelión ante determinadas rutinas o vejaciones.
Sin embargo, el film no acierta a dar toda la complejidad de personajes y situaciones, aceptando un esquematismo que se hace más patente cuando recurre al flashback o a pasajes imaginarios. No obstante, precisamente por su voluntad de no sobreexplicitar demasiadas conclusiones, el film constituye un valioso material para abrir un debate y poner sobre la mesa una amplia relación de puntos oscuros y reflexiones sobre una realidad tan dura como frecuente. En este sentido, estamos ante un film valiente y necesario y digno de atención que contiene momentos realmente convincentes. Como nota al margen, sus proyecciones vienen acompañadas por un recomendable cortometraje, realizado por Álex Brendemühl, seleccionado en el festival de Cannes y titulado Rumbo a peor, un surrealista relato que invita a recordar a Roman Polanski y su Dos hombres y un armario.

LLORÉNS