Aline Küppenheim en una escena de LA BUENA VIDA
(3) LA BUENA VIDA, de Andrés Wood
La vida manda

Ganador del Goya y premiado en diversos festivales, entre ellos Huelva y Lleida, este film chileno constituye todo un ejemplo de sinceridad y honestidad, un fresco de comportamientos cotidianos de la gente corriente atento a sus inquietudes y anhelos y a la dura realidad que comparten aun sin conocerse. Ejemplo radiante de relato entrecruzado, sin afanes esteticistas ni soluciones pretenciosas, La buena vida profundiza inteligentemente en las contradicciones y frustraciones de personajes y contexto, eludiendo lo meramente anecdótico y favoreciendo el peso del azar y, otro gran valor del cine de Kieslowski, la absoluta convicción de que todos podemos cambiarnos por casi todos. Da igual ser adolescente o cuarentón, joven o anciano, hombre o mujer, peluquero, bancaria, psicóloga, prostituta, clarinetista, etc., todos andan entre problemas económicos o sentimentales de lo más parecido.
Humor, realismo y poesía en las dosis justas para permitir al espectador una amplia relación de reflexiones, logrando incluso transmitir la sensación de que las edades de los personajes sirven para reflejar la condición humana en las diferentes etapas, como si estuvieran hablándonos de un único ser humano atravesando diferentes circunstancias. Un film muy bello, ameno y atractivo que conmueve y deja la mente fría al mismo tiempo, sencillo, complejo y alejado de gratuitos subrayados, recomendable absolutamente para quienes tratamos de aproximarnos, desde la butaca, a una mejor comprensión de eso que llamamos vida. Unos estupendos actores y una sabia realización (La fiebre del loco y Machuca) ya confirmaron el enorme talento de Wood), redondean los aciertos de este magnífico film.

LLORÉNS