Verónica Echegui y Juan José Ballesta en una escena de LA CASA DE MI PADRE
(2) LA CASA DE MI PADRE, de Gorka Merchán
Euskadi hora cero

El debut en la realización del donostiarra Gorka Merchán nos propone una mirada, lo más amplia posible, sobre la sociedad vasca de nuestros días, que casi es como decir sobre el Euskadi del pasado y el Euskadi del futuro, ya que ambos momentos del tiempo, lo que sucedió y que ya nadie puede cambiar, y lo que todavía no ha sucedido pero que algún día sucederá, marcan profundamente el día a día de un pueblo en permanente conflicto consigo mismo y con el exterior.
El cineasta elige para ello una historia de personajes y sentimientos, un melodrama familiar de lo más clásico en el que alojar las realidades sociales que le interesan, adjudicando a cada uno de los personajes una función al respecto, ya sea como representante de alguna de las posiciones de una parte de esa sociedad, o como una determinada posibilidad de mirada sobre la misma: el maduro luchador antifranquista que tuvo que marcharse del país, al aparecer en el punto de mira de los terroristas por rechazar el tiro en la nuca; su hermano perteneciente a la izquierda abertzale, pero marginado precisamente por haber cometido el desliz de condenar uno solo de los asesinatos de la banda; el sobrino que interpreta Juanjo Ballesta, carne de cañón de la kale borroka, pleno de un odio irracional alimentado por el entorno; la cuñada que arrastra un justo odio por la represión del pasado reciente y que ahora lo alimenta con leyendas que nadie en su sano juicio tomaría en consideración (el “asesinato” del hermano que se ha suicidado en prisión); el periodista que se quedó en Euskadi y sigue denunciando las actividades del entorno etarra, hasta que le cierran trágicamente la boca; la hija del protagonista, nacida en Euskadi pero criada en Argentina, que ejerce de mirada sin contaminar y soporta buena parte del punto de vista del film; la esposa que prefiere la normalidad del exilio a la recuperación de unas supuestas raíces; etc.
Un empeño ambicioso que, desgraciadamente, no termina de concretar sus planteamientos, unas veces por apoyarse en exceso en los códigos del melodrama familiar, y otras porque se le nota demasiado el andamiaje de personajes símbolo / conciencia, especialmente en el caso del periodista que interpreta Alex Angulo, un personaje y un asesinato que en mi opinión sobran;, aunque la película incluye igualmente personajes muy estimables, estupendo el de la cuñada, actriz incluida (Irene Bau), y nos deja una mirada sobre el Euskadi de hoy en día tan desprovista de complejos como contundente desde el punto de vista moral e ideológico. Sin duda, un cineasta y una película a tener en cuenta.

PEDRO URIS