(1) LA CONSPIRACIÓN DEL PÁNICO, de D.J. Caruso
 

El actual cine de Hollywood ha encontrado en el terrorismo global un filón inagotable de antagonistas para sus héroes de siempre, aunque hay que reconocer que esta vez han tratado de, con una de esas piruetas a las que nos tiene acostumbrado el último thriller norteamericano, darle la vuelta al tema y situar la obsesión por la seguridad que recorre la sociedad USA tras el 11-S como paradójica fuente de la amenaza.
Una ingeniosa idea que podría haber dado lugar a un relato pleno de lecturas y terribles sugerencias, si no estuviera construido al dictado de los modelos más convencionales del cine de acción, con escasa o nula atención a esos apuntes inquietantes que se derivan de la trama, unos personajes de muy escasa complejidad e intensidad humana, una subordinación absoluta de los sucesos y las reacciones a las exigencias de los efectos especiales, y unos giros del argumento que, de tanto que pretenden epatar, terminan provocando una condescendiente sonrisa, decisivos contrapesos que convierten esa presunta inversión entre víctimas y culpables en pura anécdota.

PEDRO URIS