Katherine Heigl y Gerard Butler en una escena de LA CRUDA REALIDAD.
(2) LA CRUDA REALIDAD, de Robert Luketic
Bragas vibradoras

Saturado Hollywood de empalagosas comedias románticas, la última tendencia es continuar con dicho género pero introduciendo más chispa en las situaciones de sexo, sobre todo con diálogos muy subiditos de tono (curiosamente la película ha fracasado comercialmente en Estados Unidos), influencia del cine de los hermanos Farrelly y la factoría Judd Apatow de gamberras comedias. Esa es la línea que escoge La cruda realidad a pesar de su apariencia de adocenada comedia con un toque de glamour, aunque desde el primer encuentro entre los dos protagonistas ya sepamos de antemano cual será el desenlace, algo consustancial a una nueva historia de la eterna guerra de sexos (su máximo exponente serían las películas que protagonizaron juntos Spencer Tracy y Katharine Hepburn), en este caso situada en el mundo de la televisión con programas basura y presentadores horteras.
Hay que reconocer que el guión de La cruda realidad está trabajado, no es rutinario. Se parte de unos codificados modelos masculinos y femeninos para, poco a poco, darles la vuelta. Gerard Butler -últimamente alternando comedia y personajes de duro como la actual Gamer, tras encarnar a Leónidas en 300- va de sincero machista (“lo que más valoramos los hombres es una buena mamada y lo demás son tonterías”, llega a decir), y Katherine Heigl -que se ha hecho popular en la serie televisiva Anatomía de Grey, además de interpretar Lío embarazoso y 27 vestidos-, es una mujer independiente, sentimental y un poco pija. La historia transcurre con gran ritmo, siempre adobada con ese lenguaje directo, deshinbido, al hablar de temas sexuales. Contiene, incluso, alguna hilarante escena, como la de la protagonista asistiendo a una cena de ejecutivos con una bragas vibradoras que provocan orgasmos, escena que me recordó a la de Meg Ryan y Billy Cristal en Cuando Harry encontró a Sally (1989), de Rob Reiner, o la pequeña broma de la escena final. Por supuesto que el film contiene muchos lugares comunes, pero se deja ver con simpatía, probablemente porque un servidor esperaba algo peor.

VICENTE