Basada en un relato biográfico de Amanda Foreman sobre la duquesa de Devonshire, cuyas virtudes y aceptación popular sólo conocemos en el film por su participación a favor de los políticos liberales, la película de Saul Dibb supone una cuidada y bien ambientada aproximación a un personaje de la Inglaterra inmediatamente anterior a la revolución francesa, excesivamente centrada en las miserias de su vida matrimonial con un influyente aristócrata que sólo la quiere para que le dé un hijo varón y en una relación de auténtico amor condenada más por el poder del marido que por las prácticamente ausentes convenciones de aquel contexto. En cualquier caso, relato-río que discurre por diez años de la vida de esa condesa y que se despide con unas conclusiones, acerca de lo que les pasó después a los personajes, resumidas en tópicos rótulos finales. Una verdadera lástima, puesto que la moral y la época abordadas, los roles asignados a las mujeres (la madre, la esposa, la amante, etc.) o los conflictos históricos permitían reflexiones mucho más complejas, y porque lo folletinesco y lo puramente maniqueo se imponen a la riqueza del melodrama o a los valores del análisis sociológico. Y el cine y la literatura nos han dejado excelentes ejemplos de ambos logros.
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