El cortometrajista británico Chris Waitt debuta en el largometraje con este falso reportaje documental, rodado y exhibido en formato digital (DVD), que fue programado con bastante éxito en los festivales de Sundance y de Gijón, siendo calificado como un ejercicio “divertido”, “patético” y “original”. Se trata de una genuina muestra del llamado cine “independiente”, producido con muy escasos medios, en donde el realizador asume también las funciones de actor, guionista y músico, y que tiene como protagonista a un joven en la treintena (el mismo Chris Waitt) que, cámara y micrófono en mano, se propone averiguar las razones que tuvieron sus antiguas novias para abandonarle.
En esta especie de encuesta filmada, que evoca la narrativa en directo del viejo “cinéma verité”, se palpa el artificio de una cámara que es manejada realmente por un técnico situado junto al desvalido protagonista quien, con su estrategia, busca conocer las causas de su solitaria frustración y a la vez rodar una película que enriquezca su pobre curriculum profesional.
Pero, de hecho, el relato apenas profundiza en los verdaderos motivos de sus fracasos amorosos ni en los argumentos de sus antiguas compañeras sentimentales y sexuales. Y sospecho que lo que verdaderamente ha preocupado a Chris Waitt ha sido hacer un film de humor (británico, por supuesto) cuyas sutilezas no siempre llegan al espectador.
Los ecos del cine de Woody Allen son evidentes, aunque el talento y la penetrante comicidad del maestro norteamericano se hallan ausentes en este caso. Aquí se nota demasiado el carácter forzado de muchas situaciones (la sobredosis de viagra y sus efectos, la súplica de sexo por las calles, etc.) e incluso es patente el convencionalismo de un final feliz que cierra esta película “de autor” lastrada probablemente por un exceso de autocompasión y de narcisismo.
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