Tercer largometraje de la cineasta argentina Lucrecia Martel (Salta, 1966), una realizadora premiada en festivales por sus anteriores obras y miembro del jurado en Cannes 2006, La mujer rubia es una coproducción multinacional con aportación española a cargo de los hermanos Almodóvar (El Deseo P. C.) y cuya base argumental, fruto de sueños y pesadillas integradas en la realidad al mismo nivel expresivo, conecta con el peculiar estilo onírico que puede rastrearse desde André Delvaux a David Lynch pasando por destacadas secuencias de Ingmar Bergman o Alejandro Amenábar.
El atropello accidental de un perro (o quizás de una persona) por el coche de Verónica, una dentista con marido y una hija, marca el paso desde la normalidad a la neurosis, separada una de otra por una difusa frontera narrativa, igual que su pelo rubio (homenaje a la Kim Novak de Vértigo) convertido finalmente en negro puede significar el predominio de la imaginación sobre la lógica cotidiana. La protagonista deambula como una zombie, ajena al mundo que la rodea, como si familiares y amigos fueran unos extraños para ella. Es una mujer «alienada» que vive como una autómata sin identidad propia, como si sólo fuera producto del sueño de los demás. Y hay quienes destacan el alcance metafórico de las películas de esta realizadora, sutiles miradas críticas a la pequeña burguesía argentina de provincias con su estancamiento social, la rutina de sus gestos y rituales, la soledad de los individuos y su sentido de culpa ante las desgracias ajenas.
Lucrecia Martel muestra ya un estilo definido con su narrativa aparentemente anárquica: una cámara inquieta que persigue a los actores, unos encuadres inestables que se recomponen incesantemente mediante panorámicas y un sonido ambiental de gran riqueza y valor descriptivo. Pero el espectador no va a sentirse cómodo ante una película bastante desconcertante y de difícil lectura, de apariencia incoherente, cuyo estilo indefinido no favorece su análisis al bascular entre el naturalismo y la irrealidad, entre el cine de género fantástico con un lenguaje muy elaborado y unas situaciones cotidianas cuyos abundantes tiempos muertos remiten a los «autores» italianos de los años 60.
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