Una escena de LA OLA
(2) LA OLA, de Dennia Gansel
Cine didáctico

Arropada por el exitoso libro de Todd Strasser, basado en hechos reales acaecidos en California (y no en Alemania), La ola deja metafóricamente al espectador a las puertas del instituto donde se desarrolla un funesto experimento didáctico para explicar a los adolescentes (y a nosotros) cuáles son los mecanismos generadores de la autocracia. La interpretación de Jürgen Vogel (La suerte de Emma, 2006) como el profesor cuyas enseñanzas tienen más éxito de lo esperado, al transformar la realidad más allá de su voluntad, es el mejor hilo conductor y elemento cohesionador de la película. El realizador Dennis Gansel (Napola, 2004) se erige en profesor a su vez, confeccionando un casting de prototipos adolescentes, aunque bien interpretados, y no menos tópicos profesores (el rebelde, el carca, la directora comprensiva) y miembros del AMPA (parejas postalternativas llenas de ganas de vivir, que los hijos abominan), para recrear una experiencia de innovación educativa, en la que el alumnado irá experimentando en carne propia los sucesivos pasos que conducen a la identificación con el grupo, la exclusión del que no se une y la devaluación de la propia personalidad.
Las actitudes provocadas irónicamente por el profesor-demiurgo rellenan vacíos emocionales, devienen coartada estabilizadora de confusiones generacionales, bastando una sola semana para que los jóvenes se transformen en parte de lo que el primer día negaron que pudiera acontecer. Las formas, las actitudes externas, los gestos, saludos, vestimenta, disciplina y obediencia al líder, sin la incómoda carga de una etiqueta ideológica, les/nos enseñan lo imperecedero de la tentación totalitaria, más peligrosa si cabe cuando vienen mal dadas y el caldo de cultivo de la crisis está en su punto. La frugal narrativa y la temática de La ola hacen que la película sea muy atractiva y aconsejable para un público joven que se identificará con los caracteres y algo aprenderá de esta lección que, por otra parte, es lectura obligada en algunos centros educativos. Los demás la vemos desde la barrera.

EVA PEYDRÓ