Russell Crowe y Ben Affleck en una escena de LA SOMBRA DEL PODER
(3) LA SOMBRA DEL PODER, de Kevin Macdonald
La privatización de la guerra

Hay que reconocer la gran capacidad autocrítica de la sociedad norteamericana que en muchas ocasiones se refleja a través de su cine, incluido el proveniente de Hollywood. De una forma directa, sin tapujos, Kevin Macdonald aborda en La sombra del poder un tema tan polémico en estos últimos años como es la privatización de la guerra e incluso de la Seguridad Nacional de Estados Unidos. Mucho se ha hablado de la empresa Hally Burton, vinculada a Dick Cheney, por suerte ya vicepresidente de USA (aunque belicoso en la sombra) y los grandes negocios que montó a costa de la Guerra de Iraq, así como la contratación de empresas de seguridad (en realidad, mercenarios a sueldo), cuyo poder ha alcanzado tales cotas que casi han llegado a dirigir las decisiones que corresponderían al gobierno norteamericano. Como se dice en uno de los momentos del film, “una trama que maneja 30.000 millones de dólares es muy difícil de desmontar”.
Este es el meollo que narra La sombra del poder, en forma de thriller, y que bebe en las fuentes de un cine político muy interesante que se produjo a comienzos de los años 70 en Hollywood, con directores emblemáticos como Sidney Lumet, Sydney Pollack y, sobre todo, Alan J. Pakula con Todos los hombres del presidente (1976), que reconstruía la investigación de los periodistas del “Washington Post” Woodward y Berstein en torno al denominado caso Watergate que acabó con la dimisión del presidente Richard Nixon. Con esta fuente de inspiración, La sombra del poder, adaptación cinematográfica de la miniserie de la BBC “State of Play” (2003), nos presenta con veracidad a un veterano periodista del “Washington Globe” (espléndido Russell Crowe, que ha enlazado tres estupendos papeles: los otros dos son American Gangster y Red de mentiras), vaqueteado en mil batallas, de la vieja escuela, empeñado en investigar, rozando procedimientos ilegales (como el detective Philip Marlowe de Raymond Chandler), las ramificaciones de los intereses de organizaciones mafiosas en el mundo de la política. Junto a él, una joven periodista (Rachel McAdams) experta en temas relacionados con Internet, la directora del periódico (Helen Mirren), atenta a la opinión de los propietarios, un congresista (convincente Ben Affleck) que se ve inmerso en un escándalo sexual, su despechada esposa (Robin Wright Penn) y otro congresista muy seguro de que nunca será cazado (el veterano Jeff Daniela). Incluso funcionan bien dos personajes tan secundarios como los dos periodistas frikis que ayudan al protagonista en su trabajo. La historia funciona porque los personajes tienen consistencia, los diálogos son ingeniosos, las situaciones más o menos creíbles y la realización de Kevin Macdonald (El último rey de Escocia) eficaz. Se nota el oficio de los tres guionistas: Tony Gilroy (Michael Clayton), Matthew Michael Carnahan (Leones por corderos) y Billy Ray (El juego de la verdad). Seguramente le sobran explicitaciones en algún diálogo y ciertas zonas de sombra en la trama, demasiado compleja, al tener que resumir las seis horas de la serie televisiva en 120 minutos.
Pero, además, La sombra del poder contiene un homenaje, muy sugestivo, al papel de la prensa escrita, precisamente en unos momentos en que atraviesa por problemas de adaptación a los nuevos tiempos por la irrupción de las nuevas tecnologías, la caída de la publicidad y la denominada “cultura del todo gratis”. Por ello son fundamentales los planos finales del film mientras aparecen los títulos de crédito. Toda una declaración de principios.
El film es de visión imprescindible para los que quieran ser periodistas de verdad, no para aquellos que se limitan a poner un micrófono y recoger declaraciones sin preguntar. Eso no es periodismo.

Vicente