(1) LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA, de Dennis Lliadis
Sadismo y venganza

Wes Craven produce el remake de su ópera prima, un clásico accidental que irrumpió en 1972 con un repertorio de violencia y un discurso sobre la crueldad que abrió las puertas a la profileración de films de terror con adolescentes, como Pesadilla en Elm Street y Viernes 13. La nueva versión, dirigida por Dennis Lliadis, ya no puede revivir la frescura de la novedad, el shock visual del espectáculo que se regodea en la agresión física y la humillación, en el dolor, y consigue lamentablemente un rutinario resultado, incluyendo la correcta fotografía capaz de crear la adecuada atmósfera conducente, por otra parte, a los mismos trillados caminos del subgénero.
La interpretación de los malos no carece de matices, en el caso de Krug (Garrett Dillahunt), y la contención de la madre de la víctima (Emma/Monica Potter) aporta un elemento de credibilidad, pero el guión, que sigue en lo esencial el título que le da origen, presenta innegables puntos débiles, destacando por lo evidente la incompleta descripción de la historia familiar de la protagonista, así como la falta de definición y motivación de Sadie (el elemento femenino del clan psicópata). Lliades no escatima espeluznantes episodios de violencia en todas sus variantes, incluyendo las habituales moralejas de este tipo de films para adolescentes alocados, como que la amiga de los porros obtiene su castigo. Las reflexiones sobre la venganza o la descripción de la violencia pueden convertir un argumento en una película interesante, pero cuando pesa más el “cómo” que el “por qué” el espectáculo es tan apasionante como visitar una carnicería.

EVA PEYDRÓ