Alberto San Juan y Natalia Mateo en una escena de LA VERGÜENZA
(3) LA VERGÜENZA, de David Planell
Autoanálisis

Premiado como mejor largometraje en la recientemente concluida edición del festival de cine español de Málaga, La vergüenza es un film que destaca en muchas de las vertientes, en muchos de los riesgos que ha sabido asumir. En primer lugar, es de aplaudir su opción de contar los problemas de esa pareja, del niño acogido y de sus alrededores en unas seis horas de tiempo diegético que coinciden con el corte del agua. Cierto es que ese ajuste o respeto espacio-temporal determina que algunos comportamientos o situaciones acusen una relativa teatralidad en la puesta en escena o un discutible esquematismo en el comportamiento de los personajes, en cualquier caso condicionados por la concreción espacio-temporal elegida por el cineasta.
Además, el film aborda con exquisito rigor las contradicciones de los diferentes miembros de la familia a la hora de aceptar los pros y los contras del procedimiento de acogida/adopción, un tema apenas tratado por nuestro cine. Y lo hace atendiendo, unas veces mejor que otras, a las diferentes partes implicadas, la pareja en primer término, el niño, la asistente social y la criada en un segundo pero no menos significativo plano. Y, sobre todo, plantea todo eso en una inteligente combinación de drama y comedia, nunca exentos de ternura y consideración a los personajes que contribuye enormemente a la reflexión y a la discusión de unos valores que, idénticamente, sirven a muchos otros modelos de pareja, o de familia, sólo aparentemente más tradicionales.
El último, pero no menos importante, punto de apoyo de este atractivo film es, sin duda, el trabajo de los actores, con Alberto San Juan a la cabeza, dando vida a unos personajes tremendamente cercanos, tan reconocibles como para que nos apetezca, a los espectadores, comentarles nuestras propias opiniones. Un film, pues, absolutamente válido y útil, muy recomendable, que nos regala, además, una definición del sentimiento, o estado, de vergüenza que vale la pena conocer.

LLORÉNS