Los intérpretes de LAS HORAS DEL VERANO.

(3) LAS HORAS DEL VERANO, de Olivier Assayas

Liquidación de herencia

Como cine francés clásico en el que cobran especial importancia los personajes y los sentimientos, Las horas del verano parte de un equilibrado y complejo guión en el que Olivier Assayas (París, 1955), ex redactor de «Cahiers du Cinema», mezcla psicología e intereses para narrar un proceso de dispersión familiar y enajenación patrimonial causado por la muerte de la madre, observado a través de tres generaciones: los abuelos burgueses con su refinado estilo de vida; los dos hermanos y la hermana rondando los 40 y con profesiones liberales (profesor de Economía, alto ejecutivo y diseñadora de arte, afincados respectivamente en París, China y Nueva York), preocupados dos de ellos por su situación económica y el otro por la conservación de los hábitos ancestrales; y los nietos, adolescentes vitalistas y dedicados a vivir ruidosamente el presente pero en los que todavía se pueden depositar ciertas esperanzas.
Olivier Assayas regresa a sus orígenes fílmicos tras una discutida peripecia internacional y realiza su película a partir del fallido proyecto del Museo d’Orsay parisino de celebrar su 20 aniversario con un largometraje integrado por cuatro cortos de distintos cineastas. Y así, como en El gatopardo (Luchino Visconti, 1962), El jardín de los Finzi Contini (Vittorio de Sica, 1972) y, especialmente, la obra teatral de Chejov «El jardín de los cerezos» (1903), la mirada del realizador se tiñe de nostalgia aunque sin dejar que la melancolía se apodere de una memoria personal preñada de añoranza pero también de lucidez, sin que la pena causada por la ausencia logre sofocar una visión abierta al porvenir. La familia que se reúne en verano, la gran mansión campestre y el paso del tiempo, con los inevitables cambios sobrevenidos, van a provocar la sensación de un paraíso perdido (el calor estival, el esplendor de la Naturaleza, los buenos vinos, las vacaciones, los juegos infantiles, etc.) que causará una mezcla turbadora y contradictoria entre evocación del pasado, dudas del presente y planes para el futuro.
Relato coral con varios protagonistas encarnados por actores dirigidos estupendamente, entre ellos las actrices Juliette Binoche, sin especial relevancia y perfectamente integrada en el conjunto de intérpretes, y la veterana Edith Scob, la espectral muchacha de Ojos sin rostro (Georges Franju, 1960), con la liquidación de la herencia, la venta de la casa y la cesión de valiosos objetos de arte (pinturas, cerámicas, dibujos, muebles) como eje vertebrador de un film que engarza el dolor por las pérdidas (personales y materiales) y el beneficio del dinero a modo de sentimientos contradictorios.
En Las horas del verano la mansión asume también el papel de personaje principal: lugar de reunión, ámbito de relaciones afectivas y concreción de la riqueza y la herencia. La mirada del cineasta privilegia los reencuentros en verano, los contactos personales, las desgracias familiares y las divergencias de intereses con un aire de cotidianeidad cuyo espíritu se remonta a Jean Renoir y Jacques Becker hasta llegar al estilo contemplativo de algunos films de Tavernier y Téchiné.
Elegancia, estilización y serenidad de una práctica narrativa que Assayas atribuye también a su admiración por el moderno cine asiático, sin que ello le impida plantear serias reflexiones sobre el proceso de madurez que lleva a los jóvenes a convertirse en adultos gracias a la toma de decisiones, la asunción de compromisos y las expectativas de futuro, así como sobre las raíces y la identidad de los individuos, necesarias para consolidar la propia personalidad pero frágiles en un mundo globalizado dominado por la evolución y los desplazamientos. Tampoco elude el realizador mostrar con sutileza su discutible punto de vista sobre la función actual de los museos: la puesta a disposición de los objetos artísticos para el disfrute de la mayoría es, sin duda, una conquista democrática pero no impide una cierta momificación mercantilista de todo aquello que se encierra en espacios acotados, alejándolo de un uso funcional, personal y cotidiano. En ese sentido, la escena de los expertos tasadores de los bienes hereditarios es bastante significativa.

VANACLOCHA