Martina Gusman en una escena de LEONERA.
(3) LEONERA, de Pablo Trapero
No sin mi hijo

Julia Zárate (Martina Gusman) es una joven embarazada que ingresa en prisión acusada del homicidio de su novio, que el espectador nunca sabrá si ha cometido. A pesar de alegar su inocencia a abogados, jueces y a Ramiro (Rodrigo Santoro), el amante de su novio, es condenada, por lo que su hijo Tomás es criado entre rejas, a pesar del deseo de la madre de Julia, que preferiría verlo vivir en condiciones más adecuadas. Filmada con enorme realismo, Leonera parece introducirnos en tiempo real entre las presas, que comparten duchas y hornillos como sus hijos peluches y juguetes, sin que las paredes que protegen a la gente normal de las delincuentes se conviertan en ningún momento en confesionario, retahíla de dramas personales o lugares comunes del género cárcel de mujeres. Incluso, son muchos los momentos en que podemos creer que nos encontramos ante un documental, por la naturalidad de las actrices y la falta de afectación o descarte de tópicos. La actitud del equipo de guionistas lleva al extremo el minimalismo argumental, ya que ni siquiera se nos permite conocer la historia de Julia más allá de los datos que revela su proceso, ni siquiera las motivaciones de la pésima relación con la madre o la ambigüedad de sus sentimientos por Ramiro, dando la campanada con el imprevisible final.
La mirada del director Pablo Trapero (su esposo en la vida real) se acerca a Julia con amor y descaro, filmando primerísimos planos y ofreciendo un rostro que expresa miedo, rabia y resignación alternativamente, siguiendo su evolución desde el primer día en prisión. En Leonera (ha sido seleccionada para el Oscar a la Mejor película en lengua no inglesa por Argentina) hay escenas capitales, pero la fuerza del relato está en saber filmar el paso del tiempo, la maduración personal de Julia, la adaptación selectiva a la rutina carcelaria y la transformación de la joven a través de la fuerza que extrae de la maternidad. La fotografía de Guillermo Nieto hace de la prisión un personaje más, que «protege» a madres e hijos, retrata las rejas y los muros desde todos los ángulos y, en un plano significativo, los ventanucos desde donde las presas insomnes piden a gritos que el bebé Tomás deje de llorar. Toda una metáfora.

EVA PEYDRÓ