Una comedia de Gonzalo Justiniano —un cineasta formado en París que a lo largo de más de veinte años ha abordado diferentes temas y estilos— que representa el equivalente chileno de los productos que, en la agonía del franquismo (1970-1975) conformaron la llamada “tercera vía” del cine español. Patrocinada por el productor José Luis Dibildos, esta corriente propugnaba un camino intermedio entre el cine comercial y el de “autor”, entre la basura y la exquisitez, que fuera capaz de sortear la censura y congregar a una amplia audiencia sin renunciar a una cierta dignidad en la realización, que gustara a una mayoría avalando al mismo tiempo un liberalismo de costumbres (especialmente las amorosas) que acabara con la caspa de una moral nacional-católica ya entonces residual.
Lokas sigue estas mismas pautas a lo hora de abordar el tema de la homosexualidad masculina, al parecer todavía hoy considerado tabú en la sociedad y en el cine chilenos. El resultado final es contradictorio. Por una parte intenta combinar humor y momentos de seriedad para superar los prejuicios homófobos propios del machismo más ancestral, con voluntad de normalizar y pedir respeto hacia las personas dotadas de una sexualidad diferente. Por otra, la trama argumental está bastante forzada, no se evitan los tópicos al uso (mariquitas con “pluma”, equívocos, casualidades, algún chiste de dudoso gusto, etc.) sin que en momento alguno las imágenes (sin besos ni desnudos) puedan molestar al espectador más escrupuloso.
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