Bruce Willis en una escena de LOS SUSTITUTOS, de Jonathan Mostow
(2) LOS SUSTITUTOS, de Jonathan Mostow
Replicante

Los guionistas Michael Ferris y John D. Brancato han adaptado el comic-book The Surrogates, creado por Robert Vendetta y Bret Wendele en 2005, que nos sumerge en un mundo futurista en el que cada humano tiene un androide creado a su imagen y semejanza, conectado cibernéticamente a cada persona. Las viviendas poseen los últimos adelantos electrónicos y los ciudadanos prácticamente no tienen que salir de casa, siendo sus dobles androides los que realizan las tareas necesarias en el exterior. Pero las cosas comienzan a complicarse cuando los robots o “sustitutos” comienzan a ser asesinados. Entonces, un agente del FBI (el siempre contundente Bruce Willis) comienza a investigar cambiando su papel habitual: su alter ego, el robot, será el que se quedará en casa y él se expondrá a los peligros por las calles de una Boston futurista en la que no es fácil distinguir entre humanos y androides.
Los sustitutos bebe en las fuentes de los relatos de Isaac Asimov y su mundo de robots, en la figura de los replicantes del Blade Runner (Ridley Scott, 1982), en el Charlton Heston de Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973), cuando descubría un mundo que no podía imaginar. El film provoca interesantes reflexiones alrededor de las consecuencias del poder de la electrónica que conduce a que las personas se aíslen cada vez más, se anulen las relaciones personales y desaparezca la comunicación e incluso el contacto físico. De hecho, las palabras “amigo” y “amiga” están siendo devaluadas ya casi totalmente en la sociedad actual con la aparición de redes sociales como facebook y la frivolidad con la que se utiliza este término: “Ya tengo 350 amigos”, dice fulanito de tal porque 350 seres, anónimos casi todos, han conectado con su página para ver, por ejemplo, sus fotos. Por supuesto que en Los sustitutos son los androides los que acaban practicando el sexo por nosotros o cultivando la amistad, algo que parece muy lejano pero que no lo es tanto.
El problema de la película es que este interesante planteamiento se estanca en medio de la intriga policíaca, no avanza con giros en el guión. Por ello se hace reiterativa a pesar de la espectacularidad de algunas escenas y la perfecta conjunción del trabajo digital en la creación de personajes con la utilización de implantes cosméticos.

VICENTE