Aunque no hemos localizado en los créditos la presencia de Judd Apatow, el pope de la moderna comedia gamberra norteamericana, no cabe duda de que este producto está concebido bajo el incontinente paraguas del citado modelo, con dos amigachos treintañeros, que todavía no han superado la adolescencia, ejerciendo por orden judicial de tutores de dos chicos problemáticos, y dando rienda suelta a gansadas y obsesiones varias, fascinación prenatal por los pechos femeninos incluida, en una comedia en la que algunos incondicionales destacan, además de la diversión sin fin (para el que se divierta, claro), la ausencia de moralinas, aunque la realidad es que ni eso, pues bajo las descerebradas irreverencias de unos y de otros late el corazón del mismísimo Bambi, ya sea en su apuesta por navideños sentimientos de amistad o ternura, o simplemente por su decidido elogio del imbécil.
PEDRO URIS |