El origen de la película documental que se ha estrenado simultáneamente en todo el mundo en Halloween, resucitando a un vital MJ, y por cuyos derechos de distribución pagó Sony sesenta millones de dólares, son ciento veinte horas de material grabado durante los ensayos de la última y malograda gira de Michael Jackson, en principio pensado para elaborar el making of. Los noventa y nueve minutos en que Kenny Ortega ha dejado la película se comprimen en un universo cerrado, dedicado a la música, las coreografías y el espectáculo, en unos ensayos sin apenas correcciones, en los que la débil y educada voz de Jacko indica quién es el jefe de un equipo escogido y leal. Nada antes, afuera, y muy poco después. No cabe esperar, por tanto, espontaneidad a raudales, sudor, lágrimas y complicidad, sino un producto muy acabado, bien editado y que casi podría compensar a los fans que vieron frustradas sus expectativas.
En este sentido, los conciertos habrían mostrado un delgadísimo MJ, con un parecido escalofriante a Jack Skeleton pero con una capacidad íntegra de contagiar su único talento para sentir la música y el espectáculo. Los diferentes temas se arropan con efectos de todo tipo, audiovisuales (como una nueva versión de Thriller en 3D), pirotécnicos, coreográficos... e incluso se incluye un sobrio homenaje a los Jackson Five. La magia de Michael Jackson sigue viva en este documental y los fans seguramente harán posible esa recaudación record que se espera de él. En la noche de difuntos y disfraces de fingido espanto, cuatro clones de MJ se cruzaron en mi camino, guantes blancos y sombrero ladeado. El pequeño de los five, que fue icono en vida ya ha sido convertido en símbolo del thriller en el más allá.
EVA PEYDRÓ |