Norah Jones y Natalie Portman en una escena de MY BLUEBERRY NIGHTS.
(3) MY BLUEBERRY NIGHTS, de Wong Kar-Wai
Noches y amores

Un film sobre el amor, sus huellas, sus carencias, sus consecuencias, a través de la experiencia de Elizabeth (unas veces Lizzy, otras Beth), una joven traicionada que se mueve entre la necesidad de olvidar y la omnipresencia de historias similares por mucho que cambie de ciudad. Claro que también anda de por medio el joven encargado de un bar que arrastra sus propias heridas y las ajenas que revelan esas llaves que le han ido dejando. Además, Elizabeth se tropezará con la emocionante pareja que componen un policía alcoholizado y su seductora ex esposa, así como con una jugadora compulsiva de póker que no sólo carga con una complicada relación con su padre sino que, además, encuentra tiempo para instruir a la protagonista acerca de los peligros de confiar demasiado en los demás.
Con una estructura casi circular, una delicada puesta en escena, unos espléndidos actores (Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman, Rachel Weisz y David Strathairn), y una magnífica banda sonora, el film deambula, como sus personajes, entre un decidido optimismo ante la importancia y la significación del amor y un forzoso pesimismo frente a la realidad y los sórdidos balances que deparan esas mismas historias. Wong Kar Wai no ha cedido ni un ápice en su cuidado dominio del lenguaje, proponiendo una acertada planificación que participa de un cierto apego a los personajes y una mirada a las relaciones y ansias de los protagonistas que consigue que las impresiones que tenemos que extraer procedan antes de la suma de reacciones proporcionadas por todos los personajes que por el subrayado de cada uno de ellos. Sin perder de vista ese tratamiento próximo a la comedia más o menos clásica, con frecuentes muestras de humor que no eluden lo trágico de algunas circunstancias, con tiempo para plantear un puñado de inteligentes interrogantes y para jugar con determinadas referencias gastronómicas, como la que da título al film, My blueberry nights se erige como un film tan hermoso como sugestivo, mucho más profundo de lo que sus decepcionadas y escépticas apariencias puedan llegar a hacernos creer.

LLORÉNS