Tony Jaa, estrella del cine de artes marciales tailandés, debuta en la dirección con una secuela de la película que lo lanzó a la fama, Ong Bak, el guerrero Muay Thay (2003), producto con el que comparte acrobacias y mamporros pero poco tiene que ver temáticamente, ya que en este caso la acción se traslada al siglo XV (en aquella era contemporánea), una trama de niño que alimenta y finalmente ejecuta justa sed de venganza, que resulta tan simple y patatera, que nos hace sospechar que algunas de las patadas de nuestro héroe fueron a parar, accidentalmente, a la cabeza de sus autores agitándoles el escaso seso que tenían.
PEDRO URIS |