(1) OUTLANDER, de Howard McCain
Mitología de ciencia-ficción

Si alguien fantaseaba con una película que mezclara elementos tan dispares como la epopeya histórica, el terror y la ciencia-ficción, que sepa que ya no es una idea original. Outlander se inscribe dentro de la crisis creativa que afecta a una industria que disimula su impotencia con la fusión de antiguas fórmulas de éxito, dando como resultado un híbrido inclasificable que, no obstante, llama la atención por su desvergonzado eclecticismo y porque se toma en serio tan estrafalario argumento. La idea es juntar, en un contexto medieval, a unos vikingos sanguinarios con un alienígena monstruoso —y que haya todavía gente que no reconozca el clasicismo de Depredador (1987)— que, accidentalmente, llega a la Tierra. El protagonista, un guerrero futurista proveniente del espacio, asume el liderazgo de la tribu —y se liga a la hija del jefe— para perseguir y destruir la feroz criatura, semejante a un dragón, con lo que tenemos una reinterpretación sui generis del poema épico anglosajón «Beowulf». Con dos cojones.

PAU VANACLOCHA