Larguísimos y repititivos planos con la cámara al hombro para seguir a un grupo de ocho amigos y amigas que juegan una partida de paintball en unos montañosos parajes, es la propuesta narrativa del barcelonés Daniel Benmayor, autor del cortometraje Las ovejas negras. Lo que comienza como un simple divertimento, para evacuar adrenalina, poco a poco se va complicando cuando los ataques de que son víctimas pasan del trucaje (balas de fogueo) a ataques reales por parte de un enemigo invisible. El problema es que el director no establece ningún tipo de reflexión en torno a este tipo de aventuras para gente pija. Solamente le interesa llevar la situación de partida hasta sus últimas consecuencias, sin estudio de personajes ni nada que se le parezca. El resultado es un aburrido videojuego, a años luz de la muy interesante Casual Day, de Max Lemcke.
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