Ricardo Fernández Blanco (Montevideo, Uruguay, 1961), ganador en 2005 del III Premio de Guión Julio Alejandro, convocado por la Fundación Autor y la SGAE, sitúa la historia de Paisito en tiempo presente, cuando un jugador de fútbol uruguayo ficha por un equipo español y se reencuentra con un amor de la preadolescencia, y, sobre todo, en el Montevideo de 1973, en los días previos al 27 de junio, fecha en que se produjo un golpe de Estado promovido por el mismo presidente Juan María Bordaberry, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, dictadura que se prolongó hasta 1985. Asistimos a una bella historia de afecto entre un niño y una niña, pertenecientes a clases sociales muy diferentes, ella hija del más alto mando de la policía uruguaya, y él hijo de un republicano español exiliado (magnífico, como siempre, Emilio Gutiérrez Caba), que trabaja de zapatero. Son unos momentos convulsos desde el punto de vista político y social, con el poderoso movimiento de guerrilla urbana Tupamaros y las tendencias golpistas de los militares, como sucedió pocos meses después también en Chile (11 de septiembre 1973) con el sangriento golpe de Estado de Pinochet.
La directora, Ana Díez, cuenta con sensibilidad y verdad estos días en los que era difícil para los ciudadanos no tomar partido por un bando u otro. Quedarse en medio era prácticamente imposible, como suele suceder en estos procesos. Por ello, el zapatero acaba ayudando al movimiento Tupamaro y el jefe de policía, un hombre demócrata, si quiere mantener su status de mando y su posición social, debe acatar las órdenes militares y hacer la vista gorda ante las torturas y los primeros “desaparecidos”. Y como telón de fondo, la omnipresencia del fútbol, una pasión nacional que como en otros países latinoamericanos impregnaba todos los rincones de la vida (como anécdota, en una retransmisión televisiva se cita a Víctor Espárrago, entonces jugador de fútbol y posteriormente, en España, entrenador de varios clubs, entre ellos el Valencia durante el periodo 1988-1991).
Pero la historia cojea en los encuentros actuales entre los dos protagonistas, que se reúnen 20 años después en España. Aparecen unas cuantas pinceladas pero no te acaba de atrapar su historia presente, aunque se utilice como excusa para contarnos el pasado de ambos y reconstruir una serie de acontecimientos que marcaron sus vidas para siempre. Con estas lagunas en la historia, no obstante Paisito es un film muy honesto, realizado con eficacia, a pesar de sus modestos medios.
ANA DÍEZ: Entrevista (1.736) y críticas de ANDER Y YUL (1.461, 1.629, 1.833, 1.839), TODO ESTÁ OSCURO (1.735,1.806, 2.060, 2.094) y ALGUNAS CHICAS DOBLAN LAS PIERNAS CUANDO HABLAN (1.999).
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