Una escena de PÁJAROS MUERTOS, de Guillermo y Jorge Sempere.
(2) PÁJAROS MUERTOS, de Guillermo y Jorge Sempere
Un lujo a su alcance

El primer largometraje de los hermanos Sempere, Guillermo y Jorge, se apoya en un sugestivo guión de Gisela Benenzón y Gorka Esteban, una fábula de interesante alcance metafórico que sitúa la vida de dos familias en una privilegiada urbanización, llamada “Los Pájaros”, como núcleo del relato. Este centro residencial es presentado inicialmente —como suele hacer la publicidad— como el ideal para alcanzar la felicidad. Hay seguridad (barreras de acceso con vigilante), hermosa naturaleza (parques y jardines), tiendas, piscina, club deportivo, etc. Pero pronto se evidencia que el aislamiento total no es viable y que un confortable nivel de vida no basta para evitar conflictos familiares y vecinales, porque el germen del “mal” habita en el interior del ser humano.
La progresiva e inexplicable aparición de pájaros muertos, quizás una epidemia, empieza a alterar la perfección del entorno y a generar miedo e inseguridad, poniendo en evidencia que el mundo es complejo, gris y problemático, que no hay paraísos ideales encerrados en herméticas burbujas y que es la persona, con sus virtudes y defectos, la que debe asumir responsabilidades y tomar decisiones. La metáfora rebasa finalmente los límites de la urbanización para implicar a la sociedad entera, con la escapada de la pareja de adolescentes en quienes se hace descansar la esperanza de salvación.
En la película se hace muy patente la cinefilia de sus autores, porque el planteamiento general es similar al de El show de Truman (el poblado como un gigantesco decorado televisivo conformando una falsa realidad virtual) y las referencias explícitas a Lolita (Kubrick), Los pájaros (Hitchcock) y Magnolia (P. T. Anderson) son más que evidentes. Desgraciadamente, el film no desarrolla ni profundiza lo necesario en sus pretensiones iniciales y los diálogos resultan demasiado rebuscados en ocasiones e innecesariamente explicativos en cuanto al sentido del relato. El actor argentino Eduardo Blanco vuelve a darnos una prueba más de su gran talento interpretativo.

VANACLOCHA