El arranque de este film del alemán Christian Alvert nos sitúa en un futuro con el planeta Tierra sin suficientes recursos para una población que se ha multiplicado por varios miles, mientras que proliferan las misiones espaciales a la búsqueda de nuevos planetas de los que obtener recursos. Se repite el tema de los tripulantes de una nave que despiertan en sus cámaras de hibernación sin saber muy bien dónde están y qué ha sucedido. Pero enseguida la historia se decanta por combinar la ciencia-ficción y el cine de terror al aparecer, en lo que podría ser la bodega de la nave, unos seres monstruosos que acechan permanentemente, de los que no se salvan unos niños, pacíficos en apariencia. La influencia de Alien, el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott está presente en todo momento, algo que el director no disimula, con la diferencia que ahora el terror es más mecánico, repetitivo, redundante, sin apenas matices para la reflexión. Nuevamente, los efectos digitales se comen la historia.
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