Kristin Scott Thomas y Sergi López en una escena de PARTIR.
(3) PARTIR, de Catherine Corsini
Un amor incómodo

Hay reminiscencias del cine de Truffaut —-la manera de abordar el arrebato amoroso, la observación de los personajes—- y también del de Chabrol —-esa ciudad provinciana, los movimientos del marido, el resto de la familia, los problemas económicos, el disparo en off del arranque del film...—-, pero Partir queda como una apuesta muy personal de la interesante Catherine Corsini. Una apuesta muy inteligente y calculada acerca de las dificultades del enamoramiento, de los obstáculos que pueden enturbiar la plena expresión de los sentimientos.
Centrada fundamentalmente en las aspiraciones y decisiones de la protagonista, una esposa y madre de familia de buena posición, vinculada laboral y económicamente a la carrera del marido médico, aparentemente un modelo de pareja y de familia burguesa, abierta a las posibilidades políticas municipales del marido y al regreso de ella a su trabajo de fisioterapeuta, la película desarrolla una serie de contradicciones en todos y cada uno de los personajes a partir de algo tan noble (y al mismo tiempo, condenado) como es la pasión amorosa por el inmigrante español de dudoso pasado que aparece repentinamente como obrero para una reforma doméstica. Impagables diálogos (como esos reproches del marido con contenido obsceno, sexual o social, con las alusiones a la condición proletaria del paleta) y una narración extraordinariamente fluida, atenta a los movimientos y a los paisajes, incluidas las alcobas donde los amantes celebran sus encuentros. Minuciosa y exacta, igualmente, la reacción del marido y de los hijos: no se trata de que no existan mecanismos, como la separación o el divorcio, para poner las cosas en orden, sino de las consecuencias económicas y morales que conlleva la negativa de ese esposo ejemplar que controla las cuentas corrientes y los movimientos laborales de sus contrarios. Por eso mismo, el film trasciende lo anecdótico para erigirse en una fábula perfecta sobre las incomodidades del auténtico amor, reforzando sus sugestivas reflexiones en el trabajo de un reparto pleno de matices, con Kristin Scott-Thomas, Sergi López e Yvan Attal en plena forma para dar vida a sus respectivos y complejos personajes. Un film que se disfruta en cada una de sus anotaciones y que nos regala un sabor agridulce de obligado debate.

LLORÉNS