La segunda entrega de las aventuras de este personaje que cambia los dientes de leche de los niños por monedas, de nuevo realizada en coproducción hispano-argentina y también combinando de nuevo actores con personajes de animación, hace buenos, palabra por palabra, los comentarios de mi compañero Lloréns con motivo de la primera entrega. Un producto dirigido a los muy pequeños que, si bien resulta menos infecto de lo habitual, anda en todo momento bajo el signo de la mediocridad más absoluta, incluyendo por supuesto los manidos y conservadores mensajes familiares que constituyen el andamiaje moral del film.
PEDRO URIS |