Marc Soto y Sergi López en una escena de PETIT INDI.
(3) PETIT INDI, de Marc Recha
Unos de estos tiempos

El nuevo largometraje de Marc Recha, directamente implicado con la ficción sin olvidar precisas referencias documentalistas, constituye una obra de madurez, algo que ya habían anticipado trabajos anteriores con los que tiene muchos puntos de contacto, una madurez que también tiene que ver con una mayor apertura, en lo narrativo y en los personajes, hacia las inquietudes del espectador. No sólo por su implicación con el universo familiar, una constante en su cine, sino por la peculiaridad de ese grupo familiar, que tiene una fuerza cotidiana que nos remite a tantos otros ejemplos, y por los matices del contexto en que se desarrolla la historia, otro universo paralelo con connotaciones de pronta desaparición: la periferia de una gran ciudad llamada a ser sustituida por la especulación urbanística.
Paisajes y personajes igualmente observados con una mirada respetuosa, distanciada y cómplice al mismo tiempo, donde cobran protagonismo similar el coraje de la madre, la holgazanería del hermano, la discreta ludopatía del tío bohemio o los aparentemente razonables sueños y aspiraciones del jovencísimo protagonista. Y sus animales, especialmente esos fascinantes pájaros convertidos en ambiciosos competidores de concursos y en razón de ser de asociaciones ornitológicas. Como el agonizante canódromo de apuestas y decepciones, como la amenazante presencia constante de las máquinas excavadoras, toda la historia transmite un perfume de caducidad, de existencia limitada por un plazo muy inminente.
Poblado de estupendos actores (Sergi López, Eulalia Ramón, Eduardo Noriega, etc.), el film de Recha merece una atenta observación de la precisión y rigor de cada encuadre y de todas y cada una de las medidas de los planos. Nada es gratuito, cada movimiento de cámara busca su exacta significación, un conjunto que propone al espectador una mirada a personajes y entorno tan distanciada y cómplice al mismo tiempo como la de su director. Una auténtica gozada, que invita a reír en determinados fragmentos irónicos y a llorar emocionado ante otros momentos de fracaso y decepción como si estas opciones fueran lo último que nos queda a personajes y a espectadores.

LLORÉNS