Aunque no lo crean, ni falta que les hace, todos los conflictos de esta inenarrable película se limitan a una tópica rivalidad entre vecinos (el matrimonio que acaba de trasladarse y el policía viudo y con dos hijos —que desaparecen cuando lo necesita el guión, cumpliendo una de las celebérrimas normas de su papá—), sin pies ni cabeza, dada la nula entidad de personajes y conflictos, y que, en lugar de colocarse al servicio de una rancia comedieta prefiere optar por el thriller de suspense, tensión y violencia. No menos rancio, por supuesto, y adornado con un incendio que va avanzando hacia las mansiones de Lakeview terrace (título original del engendro) con idéntica progresión a la de nuestra inconsolable desesperación.
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