Si queda alguien que no haya visto REC más vale que se aleje lo máximo posible de este subproducto de «todo a cien», que no aguanta ni un asalto. Entre los que la vimos, si alguien siente la curiosidad de comprobar cómo es el REC americano y comparar, se encontrará lo siguiente: Una falta de inspiración absoluta, por la sencilla razón de que no había ninguna necesidad de tenerla. Quarantine, de John Erick Dowdle, reproduce plano por plano la película de Balagueró y Plaza, con lo cual el único comentario posible es la pura comparación, escena por escena, de ambos films, con un saldo negativo para la copia. Ausente el elemento sorpresa, la capacidad de seducir, la frescura de la puesta en escena y el talento para sobrecoger, Quarantine es un absurdo armazón, cuyos tímidos amagos de originalidad deterioran más si cabe el resultado.
La principal baza de REC es el terror en directo, la participación en tiempo real en un suceso del que no se conoce la causa ni el final, amedrentando a fondo al espectador con lo que se ve, pero sobre todo con lo que se intuye, y es ahí donde la diferencia salta a la vista. Quarantine obvia por completo el hallazgo (o la utilización del recurso) de la primera persona, que era el alma de REC, para dejar asomar sin criterio ni sentido la figura de un narrador que observa las tribulaciones de los aislados vecinos, policías y bomberos. El cámara tiene aquí un rostro y un cuerpo, demostrando que los adaptadores no han entendido nada, que la esencia del film se ha perdido por el camino. Lo mismo cabría decir de las imágenes del exterior del edificio que, a pesar de la cuarentena, boicotean la idea inicial de aislamiento, soledad frente al terror y desvalimiento, en pro de mostrar un despliegue de las fuerzas de emergencia inequívocamente americano. La Angela transfigurada no deja de gritar y dar órdenes sin dejar traslucir su pánico creciente, los zombies son de carnaval y nada de nada nos asusta. El final, ni siquiera con la presencia de Doug Jones (el fauno del laberinto) sobrecoge. Como decía aquél, si hay que ir se va, pero ir pa ná... es tontería.
EVA PEYDRÓ |