Una escena de [REC]2
(1) [REC]2, de Jaume Balagueró y Paco Plaza
El maligno está en el ático

A nadie le cabe la menor duda, yo desde luego no tengo ninguna, de que a Jaume Balagueró y Paco Plaza les corresponde el mérito, el gran mérito, de haber establecido las bases del terror en el cine español, un género con discreta presencia en nuestra filmografía y siempre aquejado de tantas dolencias y desdichas que es difícil encontrar algún título destacable hasta la aparición, juntos o por separado, de estos cineastas. Los títulos los encontrará y reconocerá el lector en el pie de esta crítica, con mención especial, por su alcance en taquilla, todo un hito para el cine español, y si atendemos a su género todavía más, de Rec, una sorprendente propuesta que utilizaba las técnicas del documental más extremo -está narrada desde la supuesta cámara de una presentadora de televisión- para meter al espectador directamente dentro del miedo.
Esta secuela arranca donde aquélla terminaba, hasta tal punto que casi podrían empalmarse las bobinas y hacer una peli de tres horas, y repite por tanto el modelo de falso documental, ahora la cámara es la de los visores instalados en los cascos de los agentes que entran en el edificio infectado, pero desaparecen todos los hallazgos de la primera, desde lo desconocido como fuente primaria del terror, hasta los intencionados apuntes acerca de los vecinos de la finca, pasando por supuesto por las resonancias apocalípticas del “grábalo, grábalo todo, por tu puta madre”, todo un (terrorífico) grito de guerra de la época en que vivimos. En su lugar aparecen las respuestas a las preguntas que los cineastas habían dejado pendientes en aquélla, y éstas resultan de lo más trillado y convencional, unos cuantos tópicos de malignos y posesiones en clave alien para dar soporte a ese correcalles de gritos, sustos y hemoglobina que, en definitiva, constituye la finalidad última de la película. Un espectáculo que los cineastas escenifican con todo el oficio del mundo, pero sin la inquietud del auténtico cine de terror, de ese mismo cine de terror que ellos saben hacer tan bien.

PEDRO URIS