Malos tiempos para un cine personal, realista, comprometido y de bajo presupuesto, a pesar de que sus resultados sean notables. Esto es lo que le ha sucedido a la directora granadina –afincada en Madrid- Chus Gutiérrez con su último film, Retorno a Hansala, que se presentó en la pasada edición del festival de Valladolid (última semana de octubre de 2008) y donde obtuvo el Premio Especial del Jurado. Después de recorrer varios festivales con destacado éxito, por fin llega a las pantallas comerciales no sin dificultades.
Dejando a un lado experiencias cinematográficas como Sexo oral, Alma gitana o El calentito, Chus ha realizado una película en la línea más realista de Poniente (2002), que estaba situada en las grandes extensiones de cultivos de invernadero en Almería (kilómetros de plásticos que desde la lejanía se confuden con el mar) y planteaba la problemática del rechazo al “diferente”. Ahora, en forma de road movie y técnica documental, nos ofrece un drama realista cuyo telón de fondo es la llegada de pateras a las costas de Andalucía, pero construyendo una bella historia narrada con sensibilidad, emoción, atención a los pequeños detalles y alejada de maniqueísmos. Basada en hechos reales, Retorno a Hansala narra las peripecias de Martín (magnífico el actor José Luís García Pérez), propietario de un tanatorio en Algeciras. Atraviesa una crisis personal como consecuencia de su reciente separación, problemas económicos y legales, y las dificultades para compartir la custodia de una hija de doce años. Como muchos otros días, recibe la llamada de la Guardia Civil para que se haga cargo de los cuerpos de unos inmigrantes que han fallecido al naufragar en una patera junto a la costa. Es un trabajo rutinario, pero un mensaje escrito que lleva uno de ellos será el punto de partida para que su vida dé un giro inesperado.
Su viaje a una pequeña aldea situada en las montañas de Marruecos, con la compañía de una mujer marroquí (la debutante Farah Hamed, demasiado monocorde en su interpretación) que trabaja en el Mercado de Abastos de Málaga, el contacto con una realidad y cultura muy diferentes, le conducirán a replantearse toda una escala de valores que presidía su vida y a descubrir un mundo nuevo. Es una idea parecida a la expuesta en la magnífica The visitor, pero mientras que Thomas McCarthy lo hace de una forma minimalista, Chus Gutierrez recurre al realismo directo. En Hansala, sus habitantes viven sin luz, agua potable y cobertura telefónica, pero la solidaridad reinante entre ellos les ayuda a salir adelante, aunque lo más lógico es que sus jóvenes quieran escapar de un mundo tan hostil.
Retorno a Hansala es un film necesario que ayuda a aproximarnos al fenómeno de la emigración sin sermoneos ni facilones discursos políticos. Además de las breves apariciones de los intérpretes Antonio Dechent y Cuca Escribano, no quiero dejar de citar el gran trabajo que realiza al camaleónico Antonio de la Torre, en esta ocasión encarnando al fiel ayudante –silencioso, discreto, sensible- del dueño del tanatorio / funeraria.
VICENTE |