“Es triste pedir, pero más triste es robar”. Ver a un miembro del equipo de esta película, junto a los deslizantes créditos finales, pidiendo la colaboración del público para hacerle buena prensa, porque no les queda dinero para promoción, es triste, pero decente, tan honesto como las imágenes que acabamos de ver. Shevernatze (2007) es una comedia española producida con 300.000 euros, de distribución imposible, dirigida por el debutante y publicista Pablo Palazón, que lamentablemente, y no es retórica, engrosará la larga lista de interesantes pequeñas películas que se consideran afortunadas por tener acceso a tres salas de toda España, en sesión única y horario clandestino.
El guión que escribe el director junto a Carlos Yuste recibió el premio al Mejor primer guión en el Festival de Málaga, en Zonazine, con todo merecimiento, porque la historia está bien narrada y pautada, combina los elementos extraordinarios con la grisura intrínseca de los personajes, jugando con acierto las cartas del factor sorpresa o el desfase en los arquetipos (por ejemplo, el divertido el sketch de los guardias civiles adictos al Loctite), la dirección artística está cuidada en una pequeña producción sin desaliño ni amateurismo. El reparto, que cumple con creces: Jesús Noguero, Saturnino García, Melani Olivares, Roberto Álamo, contribuye con una interpretación dinámica y conjuntada al interés y credibilidad de una historia tan enloquecida como el tema de partida, conducir de Madrid a Ávila marcha atrás. Los diferentes tipos que encarnan, apuntados apenas en los secundarios, son suficientes para crear una atmósfera en la que sumergirse cómodamente y sin fricciones. Los lastres de la película son achacables, entre otros factores y sobre todo, a la exigüidad de medios.
EVA PEYDRÓ |