Larry David, John Gallagher Jr. y Evan Rachel Wood en una escena de SI LA COSA FUNCIONA, de Woody Allyn.
(4) SI LA COSA FUNCIONA, de Woody Allen
Moral y filosofía

Ya en los sobrios títulos de crédito, característicos de los films de Woody Allen, suena una banda sonora con Groucho Marx y Animal crackers / El conflicto de los Marx, toda una declaración de intenciones. Pocos minutos después, el protagonista se dirige al público que tiene que estar en la sala, a quienes el resto de actores (encarnando a los amigos del extraño profesor) no ven por ningún lado. Incluso una niña exclama: “Mira, mamá, un hombre que habla solo”. En menos de diez minutos, Si la cosa funciona nos revela su juego y sus aspiraciones, nos convierte en sus cómplices y nos arrastra a uno de los habituales y frenéticos paseos por la moral y la filosofía que suelen definir la mayoría de los films de Allen. En este caso, el protagonista absoluto, el profesor Boris Yellnikof, interpretado por Larry David, vuelve a ser cualquiera de los personajes a los que ha dado cuerpo el propio Allen, ahora un ser de indiscutible inteligencia y lucidez convencido de que sólo él, desgraciadamente, tiene criterio, coherencia y razón. Las vueltas que dará su existencia —antes y, sobre todo, después de conocer a la decidida joven sureña Melody— servirán para armar toda una tesis doctoral sobre los problemas filosóficos —y de la humana existencia— puestos sobre el tapete.
Naturalmente, todo ello expuesto con un humor demoledor, con gags y diálogos como para reír a mandíbula batiente, con citas o despropósitos culturalistas decididamente inclinados hacia el absurdo surrealista. Sin ir más lejos, las apariciones en escena de los padres de ella, en dos tiempos diferentes, y las trayectorias que van a marcar sus respectivos futuros. Las alusiones a un Dios gay / decorador o las constantes oposiciones entre el rol que debe ejercer la educación y la cultura y las soluciones de emergencia que cada uno puede acabar tomando son sólo ejemplos prodigiosos de un film sencillamente tan impresionante como espectacularmente divertido. Me encanta teorizar sobre el cine de Woody Allen, un poco a la manera del profesor Yellnikof, destacando que no es aventurado tratar de localizar referentes de géneros o lenguajes fílmicos o teatrales concretos (del serial al biopic con elementos documentales, de las obras de Brecht / Weill al cine de Cassavetes, etc.) elegidos minuciosamente para cada una de sus películas. En el caso de Si la cosa funciona, la huella de la comedia sentimental y surrealista del período de entreguerras se deja notar. No es raro, pues, que el film comience con los Marx.

LLORÉNS